miércoles, 16 de junio de 2010

A lo largo de toda mi vida siempre me han gustado los animales, los he cuidado criado y sobretodo los he admirado por su forma de vida en libertad, su bondad y ninguna maldad especialmente los perros por su nobleza, amor y obediencia hacia su amo; ya nos gustaría ser como ellos, sobretodo llevar su tranquila vida sin problemas ni nada que les preocupe, solo con algo de alimento se conforman. Muchas veces he pensado que los científicos podrían investigar o trasplantar el cerebro de los perros a los humanos, porque seríamos muy distintos, no habría maldad, odios, avaricias ni el afán de vivir cada vez mejor, ellos se conforman con un lugar algo caliente en invierno, una fresca sombra en verano, un mendrugo de pan y especialmente el cariño de sus amos.
Los que viven el plena libertad tienen que sobrevivir, buscarse los alimentos y dicen que hay animales asesinos, no, no existen porque ellos solo matan para su subsistencia, para seguir viviendo, al contrario que los humanos que la avaricia nos lleva a cometer barbaridades y en muchas ocasiones solo por el placer de hacerlas.

He tenido varios animales domésticos: aves de corral, canarios, cabras, cerdos, gatos y perros, éstos últimos los que más me han gustado y querido, han sido mis mejores amigos y acompañantes, me han animado y alegrado los momentos mas difíciles de mi vida.

Cuando era niño iba con mis amiguetes a buscar nidos al campo, cada cual tenía los suyos, los íbamos vigilando sin molestarles hasta que echaban a volar, en ocasiones alguna cría caía del nido, los cojía y los terminaba de criar hasta que podían volar soltándolos después cerca de donde estaba su nido para por si acaso se reunía con su familia. He llegado a tener en la rama de un árbol una araña sobre su tela a la espera de cazar algo, yo cazaba moscas y se las echaba, no por divertirme sino por el solo hecho de facilitarles el alimento. He colocado plataformas de madera sobre los árboles y puesto semillas a donde iban a comer sin tener que molestarse en buscarlas, tan confiados estaban que se acercaban a comer en mi mano. En la actualidad sigo buscando nidos en mi jardín, suele haber bastantes de mirlos, verderones, jilgueros y gorriones, los descubro porque hacia mediados de marzo los veo transportar ramitas con el pico al lugar elegido y me encanta escuchar sus trinos sus entonaciones y cantos de amor en épocas de celo y especialmente los ruiseñores al ocaso y al alba. Cada día después de comer tengo la costumbre de tirar sobre el césped migas de pan y enseguida acuden gorriones y mirlos a por ellas, a veces se acercan tanto que alguno se atreve a tomarlas de mi mano.
Los perros son mis mejores amigos, debo tener algo especial que ellos saben y jamás ninguno me ha hecho daño; en una ocasión fui a visitar a un amigo de la infancia que hacía mas de 30 años que no nos habíamos visto, vivía en una casa de campo, cuando llegué vi un perro de gran tamaño atado con una gruesa cadena cerca de la casa, mezcla de pastor alemán con otro quizás mezcla de otros, tenía aspecto de ser muy fiero, en su mirada me di cuenta que no era de fiar pero sin mirarle a los ojos le hablé, me acerqué lentamente, le acaricié y en esos momentos mi antiguo amigo que no me conoció por los tantos años sin verme se acercó y dijo: Cuidado, no le toque ni se acerque, es una fiera, ni yo mismo me atrevo y he de ponerle la comida desde lejos, continué con las caricias y palabras de cariño, el perro comenzó a lamer mi mano, su dueño asombrado no lo podía creer y pienso yo que estos inteligentes animales saben, intuyen quien es bueno y quien es malo, él sabía que yo nada malo le iba a hacer por eso se dejó acariciar.

En este blog quiero hacerles un homenaje a todos los que han convivido conmigo para que queden en la red para siempre.

¿Cómo no dejar constancia de mis mejores amigos?
De aquellos que me han proporcionado tal vez los mejores momentos de mi vida, que me han dado ánimos y han sido los únicos que me han comprendido. Mis mascotas.
Esos animalitos como personitas que no hablan, no saben expresarse de palabra pero sí en sus acciones, en sus miradas, en la forma de trasmitir su alegría, su bondad y hasta sus sentimientos más profundos; a los que les cuentas tus más escondidos secretos y siempre te comprenden sabiendo guardarlos eternamente.
Ya desde muy niño tuve especial cariño a todos los animales que nos rodean y especialmente a los perros.
Creo recordar que tan solo contaba con tres o cuatro años cuando entró en mi vida el primer chucho.

“El Buchichi”

Yo era tan pequeño que no podía apreciar exactamente sus cualidades pero sí me llega a la mente todo lo que él hacía por mí: me acompañaba infinidad de veces en mis correrías callejeras y campestres allá donde fuera como el mejor amigo que siempre lo fue hasta su desaparición por muerte natural a la edad de 16 años.
No era un perro de raza definida pero sí muy bonito; el veterinario del pueblo dijo que era una mezcla de Lulú con otro perro callejero, lo que vulgarmente se llama “mil leches”. De pelo largo casi totalmente negro con manchas blancas en el extremo de la cola, de las patas, en el hocico y una pechera como una especie de babero blanco que le hacía más bello.
Juguetón como todos, inteligente como él mismo, buen guardián y amigo de toda la familia y de nuestros amigos.
Siempre iba con nosotros a todas partes, dormía en cualquier rincón y se alimentaba de lo poco que buenamente le podíamos dar, pobre de él... si había poco para nosotros... ¿cómo se las arreglaría?
Yo pienso que mi padre tan solo se preocupaba de comprarle la ropa y el calzado (como decía mi suegro), él se encargaba de lo demás, pero, ¿cómo y donde?
Era tan difícil encontrar comida en aquellos tiempos que hasta las gentes hambrientas del pueblo buscaban en los vertederos, ¿qué les quedaría a los pobres chuchos?
Cuando estábamos en “El cortijillo” no creo que hubiera problema pues a parte de cazar se alimentaba de la infinidad de frutos que caían de los árboles ya maduros; varias veces le vi comer higos y otras frutas maduras.
Cuando nosotros comíamos siempre alguien le tiraba un trozo de pan que lo pillaba al vuelo con pericia, y hasta mi padre le daba en alguna ocasión cuando tomaba café con leche o alguna taza de chocolate una cucharadita que sin chupar le caía en la boca y se relamía con deleite.
Y en aquellos tiempos no había sobras, ya me encargaba yo de rebañar bien las cazuelas y sartenes.
¡Pobre Buchichi! Tan inteligente, bueno y leal.
Claro que dejó descendencia, por todas partes se veían perritos muy parecidos que seguramente eran sus hijos, nietos y hasta biznietos correteaban por las calles del pueblo y sus alrededores.
Se fue al Limbo de los chuchos de muerte natural a los 16 años.
Yo mismo lo enterré entre llantos aguantando mis lágrimas en “El Cortijillo” frente a la casa, al pié de la encina.
Aún deben permanecer allí sus restos.

"El Infame"

Pocos años más tarde, con el recuerdo del Buchichi aún fresco en nuestras mentes apareció no sé de donde otro lindo cachorro exactamente igual a él.
Negro con manchas blancas repartidas de forma parecida, lo adoptamos con todo el cariño para mantener a nuestra anterior mascota como si hubiese regresado a nosotros.
Pasó el tiempo y el cachorrillo creció pero con nuestra natural decepción de que siendo igual al Buchichi en casi todo pero no en el tamaño, que resultó ser un perrazo enorme.
De cachorro le puse el nombre de Boliche y cuando a los pocos meses mi padre lo vio tan crecido dijo: ¡este perro nos ha engañado, es un infame!
Y desde entonces se quedó con el nombre de “Infame”.
Esto sería más o menos unos dos años antes de ingresar yo en el ejército en 1957; dos años después muere mi padre, todos emigramos a Madrid quedando en el pueblo mi hermano Pepe con su familia y por supuesto “El Infame” con ellos.
Pasa el tiempo, yo voy a Calatayud, asciendo a Sargento, vengo destinado a Villatobas donde encuentro un trabajo para mi hermano , pocos meses más tarde se trae a su familia y deja al “Infame” definitivamente al cuidado de unos vecinos que lo adoptaron.
Y que pequeño es el mundo... insignificante para un sabueso.
Un día que salí de paseo a Aranjuez me encontraba sentado a la mesa de una terraza con unos compañeros, cuando de pronto vi a lo lejos un perro muy parecido al Infame, tan parecido me pareció que no pude contener la tentación de acercarme a él y llamarle por su nombre; el pobre animal nada más oír mi voz se lanzó y comenzó a darme lametones por toda la cara como si el tiempo no hubiese pasado para él, con grandes aspavientos, y alegrías me siguió hasta la mesa donde lo presenté a mis compañeros y nos pareció extraño y heróico que el pobre animal hubiera venido desde el pueblo de Jaén caminando más de 300 kilómetros.
Hacía más de seis años que no me veía y mi hermano Pepe llevaba casi un año viviendo en Villatobas. ¿Cuándo se escaparía el animal y cuanto tiempo tardó en llegar?. Nadie lo sabe.
El pobre chucho no se separó de mí en toda la tarde hasta las diez de la noche que tomé el coche de internos que me trasladaba a la base y al pasar por Villatobas me apeé y dejé al animal en casa de mi hermano que lo acogió con la consabida alegría de toda la familia y vivió con ellos hasta morir de viejo.
Poco tiempo conviví con este animal pero por el solo hecho de la hazaña realizada, merece la pena que le tenga en cuenta aquí y no le olvide nunca jamás, aunque solo sea por la nobleza y amor a sus amos.



Había pasado mucho tiempo sin una mascota, a pesar de visitar de vez en cuando al Infame en casa de mi hermano , echaba de menos un fiel amigo que me acompañara pero me resultaba imposible en mi época de soltero tenerlo en la habitación, más tarde me resultaba difícil porque a Merceditas nunca le gustaron los animales, de modo que me resigné hasta que un buen día me ofrecieron un cachorrillo precioso muy parecido a los anteriores, de pelo largo pero de color canela y manchas blancas.
Ya estábamos en Sóller y al vivir en una zona rodeada de campo pensé que no habría problema, los chicos eran pequeños y lo aceptarían con alegría, así que lo acepté y se quedó con nosotros definitivamente.
Le pusimos de nombre Boby era parecido al Buchichi pero con distintos colores; inteligente, fiel, obediente y muy callejero, hasta tal punto que en ocasiones desaparecía de casa y estaba varios días sin regresar, siempre en busca de perras, por lo que alguno de mis compañeros entre risas decía que era un buen “putero”.
Este vivía bien, dormía en un rincón detrás de la puerta de entrada y se alimentaba de las sobras de nuestra comida y los bocadillos que le rapiñaba a los muchos niños de la colonia a la hora de la merienda, pues tenía una habilidad espantosa para robárselos cuando se despistaban.
Acompañaba en las excursiones a todos y hasta en alguna ocasión me lo llevé de pesca y era gracioso verle cuando pescaba una trucha y yo decía: ¡Boby ya tengo una!, se lanzaba al agua y me la traía en la boca.
Se ausentaba de la casa en épocas de celo de las perras en busca de novias y regresaba a los pocos días lleno de heridas de peleas que había tenido con otros competidores mayores que él.
Hizo amistad con Cusquiño, otro mil-leches de un vecino y en una ocasión nos llamaron la atención porque entraron en un corral de gallinas matando a unas cuantas que tuvimos que pagar.
Tuvo un triste final pues en una de sus ausencias regresó infectado de garrapatas que después de practicarle una desparasitación no se pudo remediar que la sangre se le infectara y el veterinario me aconsejó sacrificarlo para que no sufriera con los dolores que esta infección le produciría.
Yo mismo le llevé al sacrificio y a continuación le enterré sin poder reprimir mis lágrimas en la colonia debajo de un pino cerca de la carretera donde actualmente han construido un polideportivo.
Le lloré mucho y aún me acuerdo de él.
LA CUKY Cuando peor lo estaba pasando, después de los infartos, de las operaciones del ojo, en estado depresivo y con muy pocos ánimos llegó la “niña de la casa”
Chispita nombre del registro del pedigrí y Cuky como normalmente la llamábamos.
En el verano de 1990 aparece Merceditas con un cachorrillo tan diminuto que parecía un osito de peluche, pertenecía a una vecina que la había comprado en Caniplan por la enorme cantidad de 80 mil pesetas, no la podía tener ya que vivía en un pequeño apartamento y después de pocos días de tenerla se arrepintió y quería deshacerse de ella.
Me parecía mucho gastar tal cantidad en un chucho por lo que le ofrecí a la dueña cambiársela por un cuadro que aceptó a la primera.
Nunca me arrepentiré del cambio y hasta hubiera pagado lo que a ella le costó más el cuadro después de saber la preciosidad de perrita caniche que tenia entre mis manos. Pasado un cierto tiempo no la hubiera vendido por nada y hasta en caso de pérdida habría ofrecido una fortuna por su recuperación.
Es tanto el cariño que le he tenido a esta linda perrita que no existen palabras para describirlo.
Sus cualidades eran tantas que es difícil de enumerar: inteligente, simpática, buena, noble y extremadamente cariñosa, aunque algo rabiosilla solo cuando la incordiaba.
Pasaba la mayor parte del tiempo conmigo, dormía en mi cama, comía trocitos de comida en mi boca, me lamía y me daba besitos sin cansarse.
Cuando vivíamos en Palma la sacaba a pasear dos veces cada día y con solo decirle ¿paseíto? Enseguida se dirigía al perchero y me traía la correa en su boca.
Fue la mascota más amiga y querida que he tenido hasta ahora; me avergüenza decirlo pero casi la consideraba como a una hijita.
Era tan lista que no aprendió a hacer más cosas porque nunca la enseñamos pero sabía hacer muchas monadas, entendía todo lo que se le decía y sabía de mis preocupaciones con solo mirarme a la cara, por lo que ella también se entristecía, cosa que yo también apreciaba en sus ojos y nos consolábamos mutuamente.
Era gracioso ver como pedía la comida cuando tenía hambre: se me plantaba delante mirándome fijamente a los ojos y yo le decía: ¿Qué quiere mi niña? A lo que respondía con ladridos y dirigiéndose al lugar donde estaba su plato dando manotazos sobre él para indicarme que quería comer o al recipiente del agua si estaba vacío cuando quería beber.
Cuando la “Mini” tuvo el parto se sintió tan responsable que hasta la ayudó a parir lamiendo a los gatitos recién nacidos y regañaba a la madre que en ocasiones los dejaba solos y ella se introducía en la cuna para darles calor.
Casi siempre que me encontraba trabajando en el huerto iba a visitarme de vez en cuando allá donde me encontrara, yo la cogía en brazos y le daba mimitos que le encantaban; pocos días antes de morir seguía haciéndome visitas y daba pena verla avanzar trabajosamente con lentos y forzados pasos.
Creo que fue muy feliz durante toda su vida, en los paseos por nuestro barrio en Palma y especialmente cuando vivíamos en la nueva casa en el campo donde pasó su vejez y sus terribles enfermedades hasta su muerte que no la abandoné ni un instante hablándola y transmitiéndole el máximo cariño que en sus ojos podía apreciar y me agradecía con su dulce y tierna mirada.

Dos años antes de morir nos regalaron una pareja de caniches como ella, no solo por tener un repuesto para cuando faltara, más bien porque le teníamos mucho cariño a esta raza de perritos y no nos importaba tener más, hasta en dos ocasiones intentamos que tuviera perritos pero no quiso a ningún novio que le presentamos.
Posteriormente tuvimos a Kira, una pastora alemán de dos años y ella era la “jefa” de todas, las mantenía a raya a pesar de ser tan pequeña pues no pesaba más de tres kilos, nunca dejaba que se acercaran a su plato y parecía la dueña de la manada por ser la más veterana.
A veces tenía mal genio y hasta algo de mala leche que la hacía más graciosa.
El verano del 2003 le encontré unos pequeños bultitos del tamaño de una lenteja en la barriga al lado de una tetilla, la llevé al veterinario y me dijo que esto era normal en caniches viejos, que se trataba de unos tumores de sebo sin importancia; hacia el mes de enero comenzó a comer como una desesperada y bebía mucho agua, la llevé a otro veterinario y me dijo que la perrita padecía la enfermedad conocida por el síndrome de cousin; una enfermedad en los perros parecida al alceimer de las personas, que no tenía remedio y que estaría una temporada comiendo y bebiendo mucho, que después lo dejaría hasta morir y llegado este momento me aconsejaba sacrificarla para que no sufriera en su agonía.
Me es difícil describir la tristeza e impotencia que sentí, a pesar de ello la mimé y cuidé con el mayor cariño que pude hasta que sobre primeros de marzo dejó de comer rotundamente, se negaba a tomar nada a pesar de los sabrosos bocados que le ofrecía pero nada pude hacer por ella y el 19 de marzo la llevaron Javi y Mamá para que le pusieran la última inyección.
Eran más o menos las seis de la tarde, ya tenía preparada una pequeña fosa hecha de ladrillos a su tamaño y allí la deposité rociada con mis lágrimas y envuelta en su jersey con el que siempre la abrigaba al acostarse.
La lloré durante muchos días y la visitaba cada vez que pasaba por su lado, la hablaba y parecía que me escuchaba. Aún la sigo visitando y adorno su tumba con flores.

Nunca la olvidaré.


Lula

Habiendo cogido tanto cariño a esta preciosa perrita que fue durante 12 años la alegría de la casa, estábamos pensando en la posibilidad de hacernos con otra igual para cubrir su hueco. Una amiga que tenía una pareja de la misma raza me anunció que la hembra estaba preñada y que si en el parto tenía más de uno podría adoptar a uno de ellos, ella se quedaría con el otro; en noviembre de aquel mismo año la perrita parió cinco preciosas hembras de las que me ofreció una, cuando fuimos a verlas recién nacidas para elegir tuvimos la duda entre dos, por lo que la dueña nos dijo que podríamos quedarnos con las dos, sin pensarlo le dijimos que si.
Justamente el día de Nochebuena se vinieron a vivir con nosotros, fue como un regalo de navidad.
Les pusimos el nombre de Lula y Paty.
Dos cachorritas encantadoras que alegraron con más intensidad nuestro hogar:
La Cuky las aceptó con agrado pero siempre demostrándoles quién era la jefa de la manada: las ladraba cariñosamente como si quisiera enseñarlas, regañarlas y en ocasiones sentía algún celo de ellas pero todo fue a la perfección y sin problemas. Las tres jugaban en el jardín, porque la Cuky, a pesar de sus diez años siempre fue muy juguetona, las cachorritas la seguían en sus andanzas y la imitaban en todo aprendiendo de ella.
Pasó el tiempo y las niñas crecieron sin novedad junto a su profesora y jefa pero justo cuando cumplieron dos años una fatalidad vino a caer sobre Lula.
La muy traviesa estaba enviciada con buscar comida en el cubo de la basura, a pesar de que poníamos mucho cuidado de tener la tapa puesta, un mal día nos despistamos y rebuscando con el hocico sacó una raspa de pescado, la sorprendí con las manos en la masa, salió corriendo y con el nerviosismo de que se la pudiera quitar se la tragó con rapidez sin más. Al día siguiente notamos que la perrita carraspeaba y tosía, la llevé al veterinario y sin casi apenas reconocerla me dijo que se trataba de una leve faringitis, por lo que le puso una inyección y me dijo que pronto se pondría bien pero no fue así; Al siguiente día la tos empeoró con el agravante de que sangraba por la boca, la volví a llevar al mismo veterinario que le hizo unas radiografías sin encontrar nada, regresé a casa con la recomendación del “manazas” de que si empeoraba la volviera a llevar. Al día siguiente su estado era deplorable, la pobre perrita se encontraba muy mal, respiraba con dificultad y sangraba en abundancia; no la abandoné en ningún momento, dándole cariño y acariciándola sin parar hasta que con un fuerte ronquido en mis mazos dejó de existir.

Me quedó un remordimiento porque si la hubiera llevado a un buen veterinario, seguro que la habría salvado.
Merche le había cogido un especial cariño y le afectó su muerte más que a nadie.
Ese mismo día la enterré en el rincón más tranquilo del jardín, junto a la fuente, donde pocos meses después la acompañaría la Cuki.

La Mini

La “Mini” no es realmente una de mis mascotas, no por el hecho de que se trate de una gata, sino más bien porque es un animal independiente y aunque a veces algo cariñosa siempre vive su propia vida, pero no puedo dejar de dedicarle aunque solo sea un pequeño espacio en su memoria, porque al igual que mis otros animales, aunque en menor cantidad, también me ha proporcionado algo de paz, tranquilidad y cierto ambiente en nuestra vida campestre, ha influido de alguna manera en todos y especialmente en la vida de “la Cuky” que fueron grandes amigas y siempre se llevaron perfectamente aunque se tratara de “perro y gato”.
Ciertamente fue una suerte para ella caer en nuestras manos ya que nunca nos gustaron los mininos.
Una tarde que me encontraba limpiando la terraza del piso de Palma escuché un maullido lejano al que ningún caso le hice, el lamento insistió persistentemente hasta que miré hacia el lugar de donde procedía y allí estaba la preciosa gatita que apenas tenía un mes de vida, sobre el alfeizar del edificio de siete plantas con riesgo de caer al vacío, me acerqué con cuidado y la tomé entre mis manos con la máxima delicadeza. El lugar donde estaba peligrosamente subida era la separación de la terraza del vecino con la nuestra y supuse que sería de ellos, por lo que los llamé para comunicarles el hallazgo, a lo que me respondieron que nada tenían que ver con la criaturita. Se la mostré a los miembros de la familia y encantados le dimos la adopción correspondiente bautizándola con el nombre de “Mini”.
Se adaptó perfectamente a nosotros viviendo su propia vida independiente y sin demostrar ningún afecto, la Cuky la aceptó casi como si fuera su propia hija y cuando nos desplazábamos a Sóller los fines de semana nos acompañaba y continuaba con su propia vida, yendo de aquí para allá cuando le apetecía, perdiéndose en ocasiones hasta una noche entera sin regresar a casa, por lo que nos preocupaba, especialmente a Merche que la cogió un gran cariño, pero siempre regresaba a su hogar sin ningún problema, le gustaba mucho zascandilear y resultó ser una excelente cazadora trayendo sus presas hasta la puerta de la casa para mostrarlas con orgullo: ratones, dragones, ranas y algún saltamontes, que en ocasiones después de enseñar sus trofeos se los zampaba.
Al poco tiempo nos vinimos a vivir a la casa nueva que para ella resultó ser un paraíso: campo, naturaleza y abundancia de caza; vivía a sus anchas recorriendo todos los alrededores sin separarse demasiado.
Un buen día encuentra un novio, se enamora y al poco tiempo advertimos que su barriga estaba abultada y a las pocas semanas nos trae al mundo tres preciosos gatitos de distintos colores y ninguno parecido a ella.
El día que se puso de parto la Cuky parece ser que lo intuyó porque estaba más nerviosa que la propia madre, ayudando a ésta a traerlos a la luz, limpiándolos y cuidándolos casi mejor que su ama, y cuándo la inquieta mamá se despistaba o se ausentaba en sus cacerías la “tía Cuky” le ladraba para regañarla por el abandono de sus hijos.
Era gracioso y enternecedor ver a una perrita metida en el cesto dando calor a unos cachorrillos de gato.
Para que no tuviera más crías y nos llenara esto de felinos la operamos y hasta el momento continua con nosotros viviendo su propia vida hasta que apareció Kira, una pastora alemán propiedad de Elena que no la podía atender y la adoptamos también.
Kira era buena, noble y muy juguetona pero la Mini al verla le cogió tal pánico que se ausentó de la casa por varios meses viviendo en los alrededores sin entrar para nada; le construí un artilugio para que pudiera entrar por la ventada para resguardarse en invierno y alimentarse, pues los primeros días del susto estuvo desaparecida más de dos semanas y adelgazó hasta quedarse en los huesos. ¡Pobre Mini!
Cuando Kira abandonó la casa la minina regresó a sus dominios retomando sus costumbres anteriores y disfrutando de todo como anteriormente hasta la actualidad que sigue con sus siete vidas.

Sus siete vidas han llegado a su fin
Sábado 24 de marzo 2012

La mini se ha muerto, ya a cada cual le va llegando su hora, la mini se acaba de ir en mis brazos, nunca nos dio problemas, nunca estuvo enferma, 16 años ha estado con nosotros viviendo muy feliz siendo la reina de este paraíso y la mimada de sus amos que le daban todo

Y era tan bonita

El domingo pasado estuvieron las niñas jugando con ella, las observé dándome cuenta de que estaba muy delgada, en los huesos pero me pareció verla con la misma vitalidad de siempre, hacía días que se tumbaba en una de las hamacas junto a la piscina y se pasaba horas tomando el suave sol de invierno, su último invierno, yo me acercaba de vez en cuando y la saludaba, hola mini y me respondía como siempre con un tenue miau, la acariciaba y movía el rabo al compás de mis carias, campeaba por todo el jardín a sus anchas e incluso se atrevía a salir algunas veces fuera de estos contornos a sabiendas de que algún perro la podría atacar pero ella era muy lista, lo sabía y no se alejaba demasiado, su vida normalmente la hacía dentro de “su territorio”, fue amiga y compañera de todas las perritas que hemos tenido, no muy amigable porque vivía su propia vida, e incluso podría decir que resultada algo antipática pero era su carácter, muy suya y cuando quería se acercaba a algún humano a recibir sus caricias. En una ocasión pasó una mala época cuando Kira vivió en esta casa, la temía aunque Kira nunca le hacía nada, era muy joven y solo quería jugar con ella pero Mini no se fiaba y se alejó, se salió de sus territorios entrando en la casa por una pasarela que le hice para entrar en casa a través de la ventana del cuarto de estar, venía por las noches y solo a dormir, por las mañanas salía y no volvía hasta la noche, sobre la ventana tenía su plato de comida y cacharrito de agua, así estuvo hasta que Kira se fue a otro lugar para siempre, entonces la Mini regresó a su paraíso y siguió sus andanzas como si fuera la dueña de todos los rincones que ella comocía agradables, donde se echaba sus siestas en verano o donde tomaba el sol en invierno.
El lunes no apareció por casa ni a comer, el martes tampoco, es cuando la echamos de menos y me alarmé, yo sabía que el día menos pensado esto podría ocurrir e incluso llegué a pensar que moriría en cualquier lugar insospechado sin poder encontrarla y no volverla a ver ni muerta, no me gustaba esta idea pues quería enterrarla donde están sus compañeras de todo su vida: La Kuqui, Lula, Fufi, ahora ella, y después no sabemos quien irá 1º si la Paty o yo... allí nos acompañaremos eternamente.
El martes por la tarde algo preocupado me puse a buscarla por toda la finca, por todos los lugares que ella solía frecuentar y después de buscar en infinidad de sitios la encontré en la porchada al lado de la caldera de la calefacción, bajo la chimenea donde se está más caliente, la llamé, me respondió con un lastimero miau, alargué mi mano y la atraje hacia mí, noté que estaba muy fría y débil, tenía los ojos vidriosos y me la subí arriba al estudio donde la coloqué sobre una silla tapada con una manta, puse su comida y agua al lado pero no hizo intenciones de bajar de la silla, en varios ocasiones la ayudé e intenté que bebiera agua pero no quería, entonces pensé en dárselo con una jeringuilla y así conseguí que tomara algo, en la silla pasó la noche del martes, todo el miércoles jueves, yo le daba, intentaba que tomara agua con la jeringuilla, de vez en cuando me miraba pronunciando lastimeros maullidos, muy tenues, a eso de las doce de la noche del viernes la bajé de la silla y la coloqué junto al agua primero, ni la miró, después la acerqué al plato de la comida y ni lo olió, me di cuenta de que no se tenía en pie y pensé que esta sería su última noche, ya había previsto este desenlace por la tarde de ese mismo día por lo que me puse con algo de esfuerzo a cavar su tumba, chiquita como ella era y lo bastante profunda para que ninguna alimaña la pudiera desenterrar, además le coloqué una bovedilla encima para que estuviera más protegida; a su izquierda mora la Lula, a su derecha estará la Paty y muy cerca estarán mis cenizas bajo la fuente, es así como lo he dejado escrito y como lo deseo.
Sobre las 3 de la madrugada del sábado al domingo la sentí dar un maullido, yo estaba en el ordenador, no podía dormir por vigilarla y esperar su final, me a cerqué a ella que seguía bien tapada con la manta, estaba muy fría pero viva, sus ojos abiertos y vidriosos reflejaban que era el final, la tomé en mis brazos y la metí entre mi pecho tapada con mi bata, de vez en cuando acercaba mi oreja para escuchar su débil y pausada respiración hasta que sobre las 4 y 22 de la madrugada escuché su último y suave maullido como si me dijera adiós, la apreté contra mi pecho, la acaricié notando que cada vez estaba más fría, llorando la envolví en su manta y me fui a la cama a tratar de dormir.
Parece mentira que se sienta tanta pena y dolor por un simple animal pero yo lo sentí, no lo pude remediar y mucho menos cuando a la mañana la llevé a su tumba donde con todo mi cuidado la deposité envuelta en la manta, le puse la bovedilla encima, después unos 20 cm. de tierra y sobre ésta la tela anti hierba con la grava rodeada de plantas y así quedó esperando a los que iremos con ella tal vez muy pronto.



Así pasó 4 días hasta que nos dejó el sábado 24de Marzo a las 4: 22 de la madrugada.

Paty


Al contrario que su hermana y la Cuki, es muy dócil, obediente, cariñosa, lista y extremadamente buena.

Es tan poco lo que puedo hablar de ella que al no dar ningún problema hasta el momento ni hacer trastadas, es muy poco lo que puedo decir.
Siempre se ha llevado bien con todas, demostrando sumisión y obediencia por su enorme bondad.
Cuando llegó la Trufi la aceptó con el mayor cariño, jugando con ella y dejándose morder y arañar por la pequeña como si fuese su propia hija.
Se deja arrebatar la comida, el lugar preferido para dormir sin rechistar y obedece a todos con una agradable resignación que hasta asombra.
De momento ha ocupado en mi corazón el lugar de la Cuki que aún no he dejado de recordar.

Solo tiene u n pequeño defecto, nació con la pata izquierda algo más corta que la otra y no tiene uñas por lo que le molesta al caminar y lo hace cojeando ligeramente pero corre como las demas sin problemas.

Ahora tiene cuatro años y espero que esté muchos más entre nosotros.

Trufi


La Trufi o “Fufi” como normalmente la llamamos, hermana de padre de Lula y Paty vino a esta casa procedente del mismo lugar que sus hermanas cuando tenía apenas dos meses y lleva entre nosotros un año.
Igualmente puedo hablar poco de ella hasta el momento, solo puedo decir que es muy diferente a su hermana Paty: inquieta, nerviosa, muy lista y demasiado traviesa, posiblemente aún es muy joven y su vitalidad está demasiado activa.
Juega e incordia a su hermana que la deja hacer con naturalidad sin rechistar.
Es tan chiquitina que no llega a los dos kilos de peso, menudita, suave y tierna.
Esperemos que se tranquilice y ocupe el otro espacio que dejó la Cuki sobretodo en la mala leche y carácter.

Han pasado tres años desde que comencé a escribir esto y con mucho dolor continuaré su pobre historia:

Tuvo un problema en la dentadura, infección y piorrea por lo que se le cayeron casi todos los dientes y los pocos que le quedaban se le movían, el aliento le olia fatal a pesar de mi paciencia que la limpiaba a diario, tampoco se le pudo remediar con el tratamiento de antibióticos, comía con dificultad y creo que sentía fuertes dolores, me parece que también le fallaba la vista pues al caminar se iba tropezando con los objetos a su paso, nos dio pena y no nos quedó más remedio que sacrificarla; yo no me atreví a llevarla al veterinario para que le pusiera la inyección, Merche entró a la consulta mientras yo esperaba en la calle, al rato salió con ella envuelta en la manta donde dormía con la que la enterré muy cerca de las otras, fue un tremendo dolor realizar esta faena, los dos llorando mientras duró, las lágrimas enturbiaron mis ojos por lo que no pude terminar, Merche lo hizo también con lágrimas en sus ojos, era atardecer, nos fuimos a casa muy apenados y aún nos acordamos de ella.





Kyra

La más grande de todas, aparentemente la más poderosa pero al mismo tiempo la más noble y mejor a miga.
Muy poco tiempo estuvo entre nosotros pero dejó un hueco difícil de ocupar.
Vino a casa en circunstancias especiales.
Se la regalaron a Elena cuando era cachorrilla, vivió con ella felizmente y hasta fue presentada a varios concursos caninos ganando varios premios, por su estampa y su belleza de “puro pastor alemán”: en Baleares, Barcelona y Madrid.
Resultó ser un animal muy inquieto debido a estos acontecimientos y viajes, se escapaba de su corral que le construyeron en el huerto donde se encontraba perfectamente y cómoda con una caliente casita para refugiarse del frío.
En una ocasión se ausentó varios días, y preocupados colocamos carteles en toda la zona ofreciendo una recompensa por su hallazgo; una noche llamaron por teléfono diciendo que tenían en su poder una perra parecida a la descripción del cartel, por lo que inmediatamente me dirigí al lugar con la decepción de que no se trataba de Kira; apenado tomé el regreso de casa sobre las doce de la noche y conduciendo despacio me introduje en el camino cercano a su casa y la comencé a llamar con todas mis fuerzas; avanzando lentamente seguí llamándola sin parar, en un recodo del camino paré el coche y continué llamándola, hasta que de pronto, en la oscuridad de la noche se me acercó un animal que lanzándose a mí sin parar de darme lametones y muestras de cariño comprobé con alegría que se trataba de “nuestra Kirita”. Digo “nuestra” porque a partir de aquella noche que la llevé a casa se quedó a vivir con nosotros definitivamente después de acordarlo con la familia, especialmente con Merche que era a quien menos gracia le hacía.
Le acondicioné una cómoda cama con una espesa colchoneta de goma espuma en el rincón más caliente de la porchada; allí permanecía con ella cada noche más de media hora, acariciándola, hablándola y nos hicimos verdaderamente muy amigos. No falté ni una noche, aunque lloviera, nevara, con intenso frío, cada noche estaba con ella y me lo agradecía, porque antes de acostarme iba a verla, y ella cuando sentía mi presencia emitía un sonido como una especie de ronquido de satisfacción o bienestar.
El único problema es que echó a la Mini de su territorio aunque sin quererlo, pero ¿qué sabía? Siempre fue muy juguetona y corriendo tras ella la asustaba, porque era para asustar con ese tamaño y esa pinta de animal feroz. La pobre Mini se largó hasta que de nuevo recuperó su terreno al irse Kira; se observaban a distancia: Kira la invitaba a entrar y la Mini seguía con su temor...
Otro pequeño problema eran las “cacotas” y las pisadas por el césped que lo destrozaba, y por las terrazas manchándolas. A Merche no le gustaba, cada día protestaba y repetía una y otra vez: Hay que largar de aquí a esta perra, hasta que cansado de oírla comencé a buscarle un nuevo amo.
Empecé poniendo un anuncio en internet donde inmediatamente obtuve respuestas de posibles adoptadores; hice una selección entre más de 30 y después de elegir a la persona definitiva, a la que yo pensaba que sería la mejor y en el lugar más adecuado, resultó que no se podía enviar al animal por exceso de peso hasta Tarragona donde vivían los que iban a ser sus nuevos dueños. ¿Y que hacemos ahora? Después de tantos candidatos ahora no nos queda ninguno.
Al fin Elena habló con el chico que se la regaló y éste le encontró un protector.
Seis meses después de convivir con nosotros se fue de esta casa con gran pena para todos y especialmente para mí que fue quien más la quiso y la cuidó con amor.

Después hemos tenido noticias suyas sabiendo que llegó a ser madre, vive comodamente y libre en una finca con mucho espacio acompañada con una de sus hijas.
Será muy difícil que me olvide de ella.





KIRIKO
Pobre Kiriko, el gallo más bonito que he visto y tenido en toda mi vida, vino a esta casa del huevo de una gallina del vecino que trajo de la India.
Yo tenía gallinas ponedoras normales, una de ellas de puso clueca y como en mi corral no había gallo, no había posibilidad de tener pollitos por lo que opté quitarle la cloquez sumergiéndola varias veces en el estanque y no había forma, la buena gallina seguía metida en su nido incubando huevos estériles, me dio pena y acudí en auxilio a la vecina que sí tenia machos y hembras como he señalado anteriormente procedentes de la India y eran preciosos, me regaló 5 huevos de los que salieron 3 preciosos pollitos de color totalmente blanco que después tornó a sus colores originales negro intenso con alguna mancha de diversos colores y con unos brillos de tonalidades verdes alumbrando su belleza.
Kiriko creció, se hizo el rey del gallinero con un harén de unas diez gallinas para él solo, no se como daba a basto, cada vez que miraba al gallinero le veía montando a alguna y cuando entraba le ofrecía granos con mi mano, se me subía al hombro para picotearlos y de paso me daba unos picotacitos cariñosos en el lóbulo de mi orerja; le tomé mucho cariño, siguió creciendo, era enorme, pesaba como 4 a 5 kilos, se aproximaba la tradicional fiesta fatal para estos pobres animales, “Navidad”, nos planteamos llevarlo a la cazuela pero yo que le había cogido un cariño especial no me atrevía a hacerlo; me informé en internet, le pregunté a varias personas como llevar a cabo la ejecución para que el pobre Kiriko no sufriera y sí, me dijeron que con un corte rápido en el cuello ni se enteraba, así que en compañía de mi mujer nos pusimos manos al “Asesinato” porque no se le puede llamar sacrificio, fue un asesinato con premeditación y alevosía. Agarré al gallo con mi mano izquierda sujetándole el cuello y con un cuchillo muy afilado me dispuse a darle el corte, se lo dí pero... ufffffffffffffff, se me escapa corriendo por todo el huerto con el cuello a medio cortar y sangrando, dando cabezazos por todas partes, los chorros de sangre salpicaban por doquier, corrí tras él hasta atraparlo de nuevo, no sabía que hacer, estábamos muy cerca del estanque, pensé en sumergirlo y ahogarlo, así hice pero nada, el pobre Kiriko no cesaba de cacarear al tiempo que teñia de rojo las aguas del estanque, vi a mi mujer con una estaca en la mano presta para atizarle y acabar con el sufrimiento del pobre animal y de sus asesinos que empapados en sudor ya no sabían que hacer, de pronto vi que Kiriko con la cabeza aún sujeta a su cuerpo la mantenía bajo el agua pero quieta, sin estertores ni cacareos, Kiriko había dejado de existir. Previamente habíamos preparado un cubo con agua muy caliente para el desplume al que nos dirigimos prestos para terminar la faena, el agua ya se había enfriado, nosotros continuábamos empapados en sudor, nos miramos frente a frente y sin decir palabra alguna, allí mismo practiqué un hoyo donde lo introduje con lágrimas en mis ojos y allí permanece y estará para secula seculorom porque en ese lugar han construido una casa y justamente sobre su tumba hay una hermosa terraza donde los moradores pasan divinos ratos de descanso e incluso veladas nocturnas tomando el fresco en verano;
Y quien sabe si de vez en cuando tal vez escuchen el KIKIRIKIIIIIIIIII del fantasma de Kiriko.

Kiriko bebé

8 comentarios:

  1. soy nueva en este mundo de internet, por lo tanto nose si lo que estoy escribiendo sere capaz de hacertelo llegar o no pero tenia que intetarlo,porque me ha emocionado muchisimo lo que he leido sobre tus mascotas(perdona que te hable de tu,pero siento que podria ser tu amigo y amis amigos no los trato de usted) me ha emocinado asta hacerme llorar cuando as descrito la muerte o desaparicion de cada uno de tus perritos porque yo tambien tengo perros a los que amo con toda mi alma,y no es facil de encontrar personas,con las que poder hablar de estos sentimientos sin que te miren con cara de pensar que estas loca,porque que tienes que permitirle la entrada en tu vida a uno de estos seres maravillosos para entender desde el corazon ,con toda el alma ,cuanto amor ,cuanta paz.cuanto disfrute..... en difinitiva , cuanta felicidad aportan a nuestras vidas.
    No sigo escrbiendo porque como dije anteriormente nose si sere capaz de enviar ni adonde, si lo hago bien y lo deseas me lo puedes hacer saber yo te seguire leyendo

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  2. Hola Luisa: lo que has escrito me ha llegado y te lo agradezco muchísimo, es un honor saber que alguien ha visto a mis seres más queridos, con los que mejor me he llevado y los que me han hecho muy feliz, ojala se pudieran encontrar personas que hagan lo mismo...creo que tu eres una de ellas...y si aún no has sufrido la desaparición de alguno de los tuyos, prepárate pues se sufre mucho.
    Si deseas seguir escribiendo hazlo de manera más privada a mi mail: jmm_1940@telefonica.net
    Creo que vamos a ser buenos amigos.
    Saludos
    Jesús

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  3. Entusiasmado por la cuestión de plantas he llegado a tu blog, claro que despues de entretener mi vista en el tierno ,apasionado y nostalgico relato sobre la convivencia con tus fieles amigos domesticos, decirte que me complace tu narrativa afectiva hacia esos que compartieron el hogar y el ocio en la vida
    Gracias por expresar y compartir esas líneas escritas.
    Un deseo de salud y feliz continuación del día a día por esos aires mallorquines

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  4. Jesús, muy emocionantes tus relatos de tus mascotas, la verdad, muestran a un tierno ser humano.
    Gracias por dejar escritas tus vivencias.
    Es muy reconfortante saber que hay almas tan dulces y cariñosas.
    Un abrazo desde Buenos Aires

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  5. Gracias por vuestros comentarios, muy pronto nos abandonará Paty, se irá a su cielo, al Paraíso de los animales y aunque aquí ha vivido como en un paraíso pronto nos dejará, acaba de cumplir 15 años, una linda quinceañera que le han detectado un bulto en la barriga que ha resultado ser un tumor canceroso, ya nada se puede hacer por ella, solo mantenerla viva mientras no sufra dándole todos sus caprichos y mimos, cuando llegue el momento será sacrificada e irá a parar al rincón de la tranquilidad a esperar a su amito que tanto la quiso y más la va a llorar. Ya no habrá más mascotas en esta casa, me encuentro viejo para sufrir por ellos...

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  7. Este espacio en blanco ha sido borrado por repetir lo anterior pero lo aprovecharé para comunicaros que la paty nos ha dejado hoy 3 de diciembre a las cinco en punto de la tarde que el veterinario le ha puesto la inyección letal para irse a su paraíso a descansar, ha sido necesario porque ya no era casi nada, no comía y solo dormía, parece ser que no sufría ni tampoco sabía ni donde estaba. Esta misma tarde he cavado su tumba al lado de sus hermanas y mis otras mascotas que allí descansan, justo al lado de donde irán mis cenizas.

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  8. Ohhh... que belleza!!! realmente muy conmovedor y encantador. Me llego al corazon y a lo mas profundo de mi alma.
    Gracias por compartir esos bellos recuerdos ;-)

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